Recuperar el sector eléctrico nacional puede demorar hasta 36 meses

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En la actualidad los venezolanos pasan la mitad de sus días a oscuras, una imagen que muestra la verdadera crisis energética que vive la nación. Del otro lado, hay una industria, la eléctrica venezolana, que ha puesto un pie en el siglo XIX y que supone, también, el principal lastre para la recuperación económica. Esté quien esté en el gobierno.

Recuperación de la industria eléctrica venezolana

Es el suceso que se nota más, sin duda alguna. Venezolanos en la oscuridad que tienen que abandonar el Metro en el transcurso de un apagón o esperar pacientes a la luz de las velas; sin embargo existe también toda una industria que ya no puede operar; que carece de energía que la ponga en marcha y que, por si fuera poco; cuenta como eje vertebral con uno de los parques que más electricidad requiere para funcionar, el petrolero.

Por ello, los políticos de un bando y otro se empeñan en augurar una recuperación casi mágica; imposible para los especialistas para los que son promesas escasas. Estas son algunas claves de la crisis energética y su impacto sobre una hipotética recuperación económica.

Venezuela atrasada 130 años

«Venezuela está 130 años atrás, a finales del siglo XIX. Es impactante pero no hay manera de describir lo que está ocurriendo», dijo a Efe el ingeniero eléctrico y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Víctor Poleo.

De acuerdo a lo detallado, para entender la «agonía actual» del parque eléctrico hay que notar que se estima que la capacidad termoeléctrica activa está entre 1.500 y 2.000 megavatios, cuando la instalada es de 15.000 megavatios, es decir, apenas un 10 %.

El problema, de acuerdo a lo explicado, «es circular», ya que si la industria petrolera no extrae petróleo y este no se refina, no se puede obtener diesel termoeléctrico.

«Es circular el problema, no hay termoelectricidad porque no hay combustible termoeléctrico y no hay combustibles termoeléctricos que generen termoelectricidad», dice Poleo.

Por otro lado, se encuentra la hidroelectricidad, que en Venezuela, según explica, cuenta con un gran privilegio: el río Caroní, «en el cual está instalada una capacidad de cerca de 15.000 megavatios, particularmente en el Guri», una de las centrales más importantes del mundo.

Nada más esa central ocupa 10.000 megavatios instalados, a la que está sumada Caruachi, con 2.200, y Macagua, con otros 2.300. En su totalidad, suman 15.000 megavatios instalados.

No obstante, los datos con los que cuentan los especialistas como Poleo y que jamás son hechos públicos por las autoridades indican que actualmente solo tienen una capacidad real de 6.500 megavatios, a los que se suman los de la termoelectricidad más para alcanzar unos 8.500 en total.

País sin industria eléctrica

De acuerdo a las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), que suple la ausencia de datos oficiales, el PIB de Venezuela disminuyó un 65 % entre 2014 y 2019, una caída devastadora que ha dejado a la nación prácticamente sin industria.

¿Cómo se expresa eso en el suministro eléctrico? Ya que, según Poleo, viceministro de Energía y Minas entre 1999 y 2001; los cálculos que hacían a comienzos de siglo, para estas fechas, sería de unos 25.000 megavatios, en caso de que la actividad económica se mantuviera.

No obstante, hoy es de 12.000, la muestra más elocuente del descalabro productivo que el ingeniero venezolano resume en una frase; «Hay una demanda residencial, cuatro bombillos para alumbrarse, pero no hay electricidad para producir bienes».

Esto significa que cualquiera que quiera abrir una fábrica en Venezuela primero enfrentaría un dilema fundamental: no tiene la energía para abrirla.

Asimismo, sostiene que Venezuela se encuentra «en un punto como a finales de 1800, cuando comenzó la electricidad» en el país y tuvo que ir adaptándose progresivamente a las diferentes fábricas que comenzaron a abrir.

Se necesitan $15 mil millones

Un informe reciente de un panel de expertos al que tuvo acceso Efe estima que reactivar el sistema eléctrico de Venezuela costaría unos 15.000 millones de dólares; con una variación que podría incrementarlo hasta los 18.000 millones de dólares.

En cualquier caso, se establecerá un programa preliminar de restauración en unos 36 meses, es decir, 3 años, sobre la base de los activos prioritarios para la generación térmica, que incluirá lo más importante para la empresa estatal PDVSA.

De ahí que cualquier promesa política que ignore estos dos factores de tiempo e inversión parece ilusoria por decir lo mínimo.

El sabotaje, el ataque imperial y el boicot son los tres enemigos favoritos del Gobierno venezolano. A ellos culpa de la situación del sistema eléctrico; pero para Poleo son solo tres «excusas que no tienen base ni científica ni en ingeniería ni tecnológica».

En su opinión, el sistema «sencillamente lo arruinaron». Como ejemplo, cita la central de Tocoma, «que nunca fue terminada». Tenía un costo estimado de 2.500 millones de dólares, debía estar terminada en 2007 y «fue sobrefacturada en cerca de 15.000 millones de dólares».

Esperando la recuperación de la industria eléctrica venezolana, las fábricas siguen paralizadas y los ciudadanos a oscuras, como los abuelos o bisabuelos de la mayoría de quienes hoy pisan el planeta.

Fuente: El Nacional

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