En medio de la angustia y el sufrimiento provocados por la reciente tragedia en Venezuela debido a los terremotos del 24 de junio, ha quedado al descubierto una de las facetas más sombrías de la era digital: la comercialización del sufrimiento.
Mientras rescatistas, voluntarios y comunidades enteras luchan entre los escombros, enfrentando pérdidas materiales y el duelo por salvar vidas, un grupo de creadores de contenido, influencers y supuestos comunicadores ha decidido transformar la desgracia en su próximo contenido viral.
Bajo el lema implícito de «todo vale por un clic», las redes sociales se han visto inundadas de videos dramatizados, imágenes explícitas fuera de contexto e incluso burlas sutiles que rozan la crueldad.
Lamentablemente, no hay intención de ayudar, no hay centros de acopio en sus biografías, ni canales de apoyo real; solo existe una búsqueda frenética de engagement a expensas del dolor ajeno.
El problema trasciende la falta de empatía. Al actuar de mala fe para destacar en los algoritmos, estos individuos no solo demuestran una total indolencia y carencia de humanidad, sino que se convierten en un obstáculo para las labores de emergencia.
Contenido sin verificar en redes
Los canales oficiales se ven obstruidos: Se dificulta la logística de rescate al difundir alarmas falsas o solicitudes de ayuda que ya no son pertinentes.
Causan pánico innecesario: Manipulan la salud mental de aquellos que se encuentran lejos, esperando noticias sobre sus seres queridos.
Las plataformas digitales fueron creadas para unirnos, pero actualmente, en manos de la irresponsabilidad, se han convertido en herramientas que deshumanizan.
El sufrimiento de los venezolanos no puede seguir siendo el guion de quienes buscan lucrar o aumentar sus métricas. La libertad de expresión y el alcance de las redes sociales implican una responsabilidad ética que estos creadores han optado por ignorar de manera deliberada.
Es momento de que la audiencia actúe. La solución no solo radica en la denuncia pública de estos actos malintencionados, sino en aplicar la sanción más efectiva en el ámbito digital: dejar de seguir y bloquear. Además, debemos cesar el consumo del morbo disfrazado de información.
En tiempos de crisis, Venezuela necesita manos que ayuden, ojos que informen con precisión y corazones que muestren verdadera humanidad; no pantallas que enredan, confunden y se alimentan del sufrimiento de un pueblo.
Nota por: Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo







